Cuando
sobre las cenizas que dejó la II Guerra
comenzó la reconstrucción, también el deporte y lógicamente
el automovilismo comenzaban a renacer y un auto se hacía famoso: LA
ALFETA, un ALFA ROMEO en
dos vesiones 158 y 159, que volvió a competir con este ocho cilindros
en línea de 1.500 cm3 con compresor, y fue el que le dio a Fangio la
posibilidad del primer titulo mundial. En aquellos años sin televisor,
ni PC, ni video juegos, también corrían
las noticias, se
instalaban las modas y más o menos todos queríamos tener los
juguetes de actualidad, y llegaron las ALFETTAS, nunca supe si el nombre
surgió espontáneamente o lo bautizó un ignoto fabricante. Eran unos
autitos de aluminio fundido, que tendrían unos 10 cm de largo,
su característica más sobresaliente era su
suspensión a resortes, y dándole
un envión con la mano recorrían una buena distancia.

Tampoco
sé a quién se le ocurrió “prepararlos". El fondo era hueco,
venía relleno con masilla
o cemento, que se le
quitaba y rellenábamos con
plomo, los ejes de alambre se reemplazaban por
pedazos de rayos de bicicleta cortados, se alivianaban los
movimientos, se la bajaba para que ande
más pegada al piso y había
que alinearla muy bien para
que viaje derecho. Cada
uno tendrá su anécdota, recuerdo
en aquellas calles de pavimento, menos maltratadas y con poco
tránsito, haber visto hacer una cuadra y pico de
una sola tirada! Después vinieron las pistas, en un baldío o
en una vereda no muy transitada o en el fondo de alguna casa se
hacía una pista ovalada, a
veces con forma de riñón con
las curvas peraltadas que hacía
doblar a los autitos. Se tiraba por turno, a varias vueltas
ganaba el que con menos tiradas recorría más.
Había especialistas en
prepararlas y grandes
“corredores” Todo el barrio trabajaba para hacer la pista, sacando
yuyos, cavando, o apisonando, haciendo barro para “pavimentarla”.
Eran tiempos de chicos menos individualistas, sin control remoto ni
gaseosas. Y así
pasábamos días
enteros en un entretenimiento sano, al aire libre, que más allá de algún
”castañazo” por
un desacuerdo momentáneo, unía a todos alrededor de una pasión:
los autos, una necesidad: competir, un
placer: jugar. Cosas que
como la bolita, los barriletes, la
lanchita pof-pof y el andador (esa rueda que llevábamos empujando con
un alambre), como dicen los chicos hoy: FUERON. Que lástima. No
saben lo que se pierden!
Breve
descripción
Digamos
que basadas un diseño automovilístico libremente interpretado eran
funcionales. Carcaza de aluminio fundido, hueco, paredes gruesas, nada
que ver con los Dinky Tys (Ingleses), 29/30mm de diámetro la rueda, las
llantas eran de madera con
un aro de goma de 6mm de sección. A la altura del cockpit mas o menos
sobre el limite inferior de la carrocería, dos pernos de unos 1,5/2mm
de diámetro la atravesaban transversalmente sobresaliendo a cada lado
5/7mm, horizontalmente, separados 10 mm. Por afuera de la carrocería un
alambre de acero que venía de soportar, ojalillo mediante
el eje delantero, enrollaba dos o tres vueltas primero uno y luego el
otro perno (como cuando enrollás un cable alrededor de un tornillo)
Después de enrollar el perno de mas atrás se dirigía horizontalmente
a sostener el eje trasero, que pasaba a través de una caladura
transversal en la cola. En cambio el delantero jugaba por delante de la
trompa por lo que no tenía límite. Esto les daba una excelente
suspensión. Tengo amigos que fueron pibes en los 60 y también los
conocieron.
Corresponde el agradecimiento a
la Sra. Tita M. de Meiners, que después de mucho buscar es quien todavía
tenía uno de aquellos autitos con suspensión, y pude fotografiar, que
hoy podemos mostrar. A mis amigos Eduardo Fontaneto y Horacio Zuquelli,
también agradezco sus aportes.
Bocha
Balboni
historiasdehya@gmail.com