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LA ÉPOCA DE LAS “ALFETTA”                                  

Por: Bocha Balboni

Esperanza (Santa Fe) Argentina

Cuando sobre las cenizas que dejó la II Guerra  comenzó la reconstrucción, también el deporte y lógicamente el automovilismo comenzaban a renacer y un auto se hacía famoso: LA ALFETA,  un ALFA ROMEO en dos vesiones 158 y 159, que volvió a competir con este ocho cilindros en línea de 1.500 cm3 con compresor, y fue el que le dio a Fangio la posibilidad del primer titulo mundial. En aquellos años sin televisor, ni PC, ni video juegos, también  corrían las noticias,  se  instalaban las modas y más o menos todos queríamos tener los juguetes de actualidad, y llegaron las ALFETTAS, nunca supe si el nombre surgió espontáneamente o lo bautizó un ignoto fabricante. Eran unos autitos de aluminio fundido, que tendrían unos 10 cm de largo,  su característica más sobresaliente era su  suspensión a resortes, y  dándole un envión con la mano recorrían una buena distancia.

Tampoco sé a quién se le ocurrió “prepararlos". El fondo era hueco, venía relleno  con masilla o cemento,  que se le quitaba y  rellenábamos con plomo, los ejes de alambre se reemplazaban por  pedazos de rayos de bicicleta cortados, se alivianaban los movimientos, se la bajaba para que ande  más pegada al piso y  había que alinearla  muy bien para que viaje derecho. Cada uno tendrá su anécdota,  recuerdo en aquellas calles de pavimento, menos maltratadas y con poco  tránsito, haber visto hacer una cuadra y pico de  una sola tirada! Después vinieron las pistas, en un baldío o  en una vereda no muy transitada o en el fondo de alguna casa se hacía una pista ovalada,  a veces con forma de riñón   con las curvas peraltadas que  hacía doblar a los autitos. Se tiraba por turno, a varias vueltas  ganaba el que con menos tiradas recorría más. Había especialistas en prepararlas y  grandes “corredores” Todo el barrio trabajaba para hacer la pista, sacando yuyos, cavando, o apisonando, haciendo barro para “pavimentarla”. Eran tiempos de chicos menos individualistas, sin control remoto ni gaseosas.  Y así  pasábamos  días enteros en un entretenimiento sano, al aire libre, que más allá de algún ”castañazo”  por  un desacuerdo momentáneo, unía a todos alrededor de una pasión: los autos, una necesidad: competir, un  placer: jugar. Cosas que como la bolita, los barriletes,  la lanchita pof-pof y el andador (esa rueda que llevábamos empujando con un alambre), como dicen los chicos hoy: FUERON. Que lástima. No saben lo que se pierden!

Breve descripción 

Digamos que basadas un diseño automovilístico libremente interpretado eran funcionales. Carcaza de aluminio fundido, hueco, paredes gruesas, nada que ver con los Dinky Tys (Ingleses), 29/30mm de diámetro la rueda, las llantas eran  de madera con un aro de goma de 6mm de sección. A la altura del cockpit mas o menos sobre el limite inferior de la carrocería, dos pernos de unos 1,5/2mm de diámetro la atravesaban transversalmente sobresaliendo a cada lado 5/7mm, horizontalmente, separados 10 mm. Por afuera de la carrocería un  alambre de acero  que venía de soportar, ojalillo mediante el eje delantero, enrollaba dos o tres vueltas primero uno y luego el otro perno (como cuando enrollás un cable alrededor de un tornillo) Después de enrollar el perno de mas atrás se dirigía horizontalmente a sostener el eje trasero, que pasaba a través de una caladura transversal en la cola. En cambio el delantero jugaba por delante de la trompa por lo que no tenía límite. Esto les daba una excelente suspensión. Tengo amigos que fueron pibes en los 60 y también los conocieron. Corresponde el agradecimiento a la Sra. Tita M. de Meiners, que después de mucho buscar es quien todavía tenía uno de aquellos autitos con suspensión, y pude fotografiar, que hoy podemos mostrar. A mis amigos Eduardo Fontaneto y Horacio Zuquelli, también agradezco sus aportes.

Bocha Balboni historiasdehya@gmail.com