inicio contactenos

 

 

Social                                  

                                                                  Por: Bocha Balboni

Esperanza (Santa Fe) Argentina

Recuerdo aquellos tiempos, de mamelucos (o jardineros mas bien) porque usaban unos pantalones  con una pechera y  tiradores, engrasados, y  a puro pulmón, los tipos que eran capaces de pasar privaciones  para poder  armarse el auto y correr, no había sponsors, y en la casa que ahora es del Centro Católico de Obreros, en Lavalle  al 1900, que estaba desocupada, se alojaban ”los corredores”’, cuando se corría en Los Toboganes. Que fiesta para los pibes del barrio!

        Era la primera mitad de la década del 50.

        Imagínense que hoy, Fontana o el Guri Martínez, Ortelli, Silva o que sé yo quien viniera a vivir a la vuelta de  tu  casa por dos o tres dias. Con auto de carreras y todo! Claro, allá estábamos  con los ojos grandes como carozos, mirando, tocando los autos, mezclándonos con la grasa las cubiertas y los fierros, preguntando.

        Venían cerca del fin de semana de la carrera, a veces algunos  manejando  los mismos autos con que corrían, con una valijita o un bolso entre las piernas o debajo del asiento, nada de trailers, de equipo, de casa rodante o antiflama, ni se hablaba. Omar Fuentes, Alfredo Pian, Titi Sticoni, alguna vez Nasif  Stefano, (el primero que vi con trailer, después)  Remigio Caldara, Jesús Ricardo Iglesias,  José Félix López. Los de Santa Fe (Brosutti y Cataudella) de Rafaela (Fanto) iban y venían andando  mientras probaban, y se volvían.

        Que batifondo había en el barrio! La casa, todo el año desocupada, cobraba vida de un día para otro, que hotel, ni mucama, ni teléfono, algunos catres, unos colchones desparramados por el suelo. Como  allí terminaba el pavimento (Lehmann era de tierra hacia el oeste, y Lavalle hacia el sur), el barrio era muy tranquilo pero esos días, que esperábamos todo el año, se transformaba, se llenaba de  gente, autos muy ruidosos, aceleradas, frenadas, y nuestras pobres viejas  con la piel de gallina, mas de una volcó el mate o se quemó con el guiso sobresaltada por un frenazo, de esos que te hacen parar los pelos de la nuca, porque aquellos muchachos hacían de las suyas para impresionar las minusas del barrio.

        Que nos iban a despertar! si saltábamos de la cama apenas se colaba un  rayito de sol por la ventana, y disparando a la vereda a esperar para ver quien llegaba. Veníamos de la escuela a actualizar la información y siempre había alguno que iba a contraturno  quedaba de guardia y  tenía la precisa: “llegó Sticconi, fue a probar” , “Omar Fuentes está en el taller”, “Pian salió  buscar una manguera”, “ya viene Requejo”. Los que disponían de mas medios, remolcaban el auto con uno de calle o lo que en aquellos tiempos era una “chatita” que sería hoy una pickup. Los cascos eran  de corcho, las ruedas Rudge a rayos y mariposa, con una sierra hacían caladuras transversales a las cubiertas de calle, las mismas que tenía el auto de mi viejo, para que agarren mejor. Ni hablar, al circuito, todos iban y venían rodando.

        Cataudella, con su jerga cocoliche y sus ataduras con alambre!  Sin embargo,  quien diría, una foto suya adorna las sirupíticas paredes de ese  sacrario que en  la esquina mas coqueta del barrio  de La   Recoleta , en la ciudad de Buenos Aires  lleva por nombre “ La Biela ”, habitada seguramente también por una “mezcla  de sabihondos y suicidas”. Los que tenían amigos o parientes,  se alojaban con ellos, también se distribuían los talleres mecánicos unos iban a la Ford , otros a  lo de Caturegli y D’agostina  y algunos en talleres particulares, Fahsbender, Etcheverry, Alesso, cada uno tenía su taller donde paraba y hacía os ajustes.

        Y también por allí íbamos a husmear, así conocí a Onofre Marimón, José Félix Lopez, Requejo, Héctor Niemitz, Crespo, cuando las cosas andaban bien, mas o menos podías hablar, pero si algo no salía... lo mejor era  que ni te acercaras. Esperanza tenía sus créditos: Rodolfo Barbetta y Juan Alesso, a quienes nos referimos especialmente en otra oportunidad, que también se trenzaban y en quienes todos los años renovábamos la esperanza de que les “pasaran el trapo” a los de afuera.

         Otros tiempos, otros hombres, todo a pulmón y corazón, tal vez ni mejor ni peor, pero que lindo haberlo vivido!