Con esta entrega pretendemos
comenzar con lo prometido: ir mostrando el esfuerzo de la gente que pone
corazón, transpiración y no pocos billetres en conservar, restaurar o
personalizar vehiculos.

Cuentan los vecinos que cuando
Claudio Girolimetto llegó a su casa, el siglo pasado (1995) con lo que
quedaba de los que había sido una gallarda coupe Ford 1938, en su
familia no estaban muy seguros de dejar que la entrara al patio de la
casa.Es así, muchas veces el estado de lo que puede conseguirse lo hace
a uno desistir antes de empezar. Sin embargo Claudio no se achicó y con
paciencia emprendió la dura tarea.Y hace falta mucha paciencia y
también algunas “chauchas” para ejercitar todo el cariño que uno
puede sentir por un venerable fierro.
Estas cupés fueron la base de
nuestro Turismo de Carretera, aquella legendaria categoría que tanto
colaboró para abrir rutas en nuestro país y con las que muchos
aprendimos o reforzamos lo que aprendíamos de geografía Argentina o
Sudamericana. Sinó, como íbamos a saber donde quedaba Patquia? Que
eran Coquimbo, Arequipa, Perico o Palpalá, por donde se iba a Hughes o
que allá el sur existían Winifreda y Huinca Renancó.

Son autos por los que uno siente
un cariño mas especial aún, porque además de haberlos visto “en
servicio” en aquellos años fueron motivo de nuestro entusiasmo cuando
Marcilla, los Galvez, Lougulo, Emiliozzi, Ciani o Peduzzi nos tenían
prendidos a la radio.Y esta aunque no había corrido, había sufrido
evidentemente el paso del tiempo, titánica tarea la de reconstruirla,
en primera instancia se la devolvió a su estado original y el famoso
“FOROCHO” volvió roncar con ese sonido desparejo característico,
intervino en carreras de regularidad zonal después de unos 5 años de
trabajo, cumpliéndose el “sueño del pibe”.

Mas adelante le tocó el turno a
las modificaciones, vinieron los frenos a disco para el tren delantero,
el servofreno, unas fenomenales llantas de aleación, y le llegó la
jubilación al noble Ford59 AB para dar lugar a un Falcon seis de un
Sprint, con su caja de cambios.Hay que destacar que aparte de los
trabajos en la chapa, del resto se encargó el mismo propietario y así
quedó para su alegría y la de los que queremos los autos esta Ford 38
que vive paseándose orgullosa por Esperanza.
Gracias Claudio por mantener
viva esa historia tan querida.